Altruismo y... derivados
Qué hermosa palabra: A L T R U I S M O. Darse a los otros, a los demás, a lo que no eres TÚ, tu inmenso YO... sin esperar a cambio, desinteresadamente, sin más afán que el de donarse, favorecer.
Caí en la trampa. Me lo creí todo. Varios meses absolutamente perpleja, agradecidísima a una colaboración espontánea, absolutamente gratis, es más, yo diría que les salió hasta deficitaria: gasolina, llamadas de teléfono... y lo más caro del mundo: el tiempo. Qué felices éramos todos. Cierto es que, algo agorera, sospechaba. La mosca tras la oreja. Estos tipos... cómo puede ser, de dónde salen. No querrán... Qué querrán? Pero no querían. Solo daban. Y yo agradecía.
Hasta hoy. Ingenua, estúpida, niñata. Me tienes harta wendys soñadora de los cojones. Emproyectada hasta las cejas este año, como nunca lo hiciste, ¿qué te creías? ¿accionista en wall street? ¿directora del banco? Tres actividades y media y empezaste a creer que con esfuerzo se podía. ¡¡Pero qué ilusa!! ¡¡Pero qué ciega!! En resumen, qué idiota.
Llegó el momento del palo, la puñalada, la FACTURA. Desinteresado... ay! pobre tonta. Llegó.
Y ahora estás bien metida hasta el fondo en este callejón sin salida, sin poder caminar hacia delante... hacia atrás y saliendo mal parada independientemente de dónde vayas. Qué bien me la habéis jugado. Qué bien. Qué profesional, sí señor. Estaréis contentos. Ojalá os salgáis con la vuestra y el año que viene topéis con una todavía más imbécil que yo, y podáis dar por culo más y mejor de lo que lo habéis hecho.
Mil gracias.
Eternamente en deuda,
la más pringada.