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La Coctelera

wendys

2 Diciembre 2009

El reloj

Aunque no se pueda generalizar, observo entre las féminas de mi generación una cierta parálisis de eso que laman reloj biológico. A estas alturas más o menos, nuestras madres ya nos habían traído al mundo.

Los hombres nos acusan de querer cazarles y someterles al famoso ultimátum de "nos casamos o..." (cuchillo en alto, mirada desobitada). Sin embargo, creo que en los tiempos que corren esto se ve más bien poco. Pienso, incluso, que muchos hombres de esos que denominamos "un buen tipo"  tienen muchas ganas de centrarse y encontrar un "con quién" que les dé cierta estabilidad y sentido.

El caso es que el otro día, yo, que creo que carezco de reloj, o más bien que lo escondí cuando me asenté definitivamente en esta vida burguesa y cómoda absolutamente dedicada a mí, tuve un leve pinchacito. Y no, no penséis que fue la escena típica. No cogí en brazos a ninguna niña recién nacida de un amigo, ni nada de esto. Es verdad que ciertos encuentros momentáneos funcionan, pero en cuanto pasas más de dos horas con un bebé el reloj vuelve a paralizarse, se le saltan los muelles, explota la pila... yo qué sé.

Fue algo completamente diferente. No fueron mis brazos los que se estremecieron al contacto de algo tan minúsculo que deshace a cualquiera. Fue el ver los ojos de mis padres con una sobrinilla que tienen, cogida entre sus brazos. Mi prima, de dos años, exageradamente encantadora, les hacía todo tipo de lindezas y monerías. Y en esos momentos sentí que se me partía algo dentro. Me emocioné, en medio del lechazo y el pásame el vino, se ha acabado el pan. Y tuve que coger aire un par de veces para bajar la pelota incómoda que se me había formado en el estómago.

Sé que nadie puede, ni debe tener un hijo de esta forma. Sin embargo, sentí que se lo debo. Se lo debo tanto... Siempre fui una bestia inmunda en casa. Fui y soy, -aún parásito-. Y a pesar del amor profundo, por mi parte todo han sido reproches, quejas, desplantes, pataletas, caprichos y más reproches. Sé que nada en el mundo puede hacerles más felices. Lo vi. Lo vi tan claro... Y sufro porque soy absolutamente consciente de que una nieta no viene al mundo para contentar a nadie. No puedo forzar algo así. Y me duele.

Merecéis tantas cosas que no sé cómo daros...

En este caso el reloj es vuestro, el que os grita que ya debéis ser abuelos, que lo necesitáis aunque vuestra vida ahora sea completa y la sintáis perfecta. Porque lo sé, lo vi claro en unas sonrisas y miradas que hasta ese día no frecuentaban vuestras caras...

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