Retales... para la basura (haciendo limpieza)
A lo mejor ya no puedo nunca más...
Sigue mi propia batalla campal. Y a pesar de haber variado la situación en la contienda, el ejército enemigo sigue atacando por la retaguardia. Destrozándome las débiles tropas. Ya no quiero pelear más. Fin de la lucha. Por favor. No véis tantos pañuelos blancos, no véis las lágrimas deshechas...?
No puedo más. La oscuridad siempre tiene más fuerza.
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Lo acabaré haciendo. Porque nunca voy a encontrar el término medio. El equilibrio entre querer que me dejéis en paz y el profundísimo anhelo de veros. No lo encuentro. No entiendo a la mujer altiva, segura, diosa y a la enclenque, titubeante, insensato microbio. No la entiendo.
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Así como vino, inesperado, así se fue. Cuando creí que volvía a tener sangre en las venas descubro que tal vez sólo fue un mal colorante. Me decís a veces que ser adulto es esto... ¿el qué? ¿decepcionarse constantemente? ¿hacerse callo para que no duela? ¿arrancarse las entrañas para no tener que vivir con el nudo? ¿para no vomitar más?
Lo siento, no quiero entrar en ese mundo. Me quedo aquí, con Campanilla.
El mundo del sueño... la dimensión más cruda que existe. La que machaca y golpea una y otra vez, hasta matarte.
Al final seré una especie de caracol, una ameba insensible. O me retiraré de aquí para no recibir.
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Al infierno se baja lentamente. Más abajo, más abajo. Los fondos que se van palpando son falsos fondos, se desploman. Y siempre te sorprende. Cada vez más difícil remontar el escarpado túnel que has creado. Cada vez menos luz ahí arriba. Entonces ríes amargamente tu destrucción. O ni siquiera eso.
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Jugar...
y jugar... a ser princesas, y arpías. A mirar, y sonreír. A desgreñarse y comportarse.
A escribirte para ver qué pasa. A pasarme para ver si escribes. Sofisticada, burda, delicada, inocente, astuta. Desaliñada, coqueta, tímida, insegura o diosa. Con caída de ojos o levantada.
Serena, fuerte, confiada.
Del Berlín a Belay, o coma. Profesora o actriz. Filóloga malhablada. Deseada, odiada. Indiferente.
Jugar con palabras. Medir la distancia, acortarla, extenderla, desarmarla.
Vivir.
Siempre vivir, traviata. Folie.
Que pueda suceder algo esta noche. Tus noticias mañana. Esperar.
Esperar siempre.
Juego, aunque sepa que he de perder. Todos perdemos.
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Esta noche no... Porque estoy balanceándome entre el dolor y la muerte. Esta noche deja que me apague al fin. Me desmiembro en mil pedazos. Saltan desdobladas ideas de fondo. Una trituradora que va masajeando cada oquedad última. Y escapo donde no hay salida. Aun puedo ir más rápido para huír. Pero siempre me alcanzo. Es la cárcel, la esclavitud torturadora, la inestabilidad deshonrosa. Darse asco. Quiero irme. No entiendo. Dónde esta tu rostro, maldad? Enemigo, muéstrate, cobarde. No puedo seguir peleando con el aire. No puedo seguir agrediéndome, desgastándome, odiándome. Te necesito.
Y no saber dónde pedir auxilio. Soledad.
Y dejar de tener nombre, y cuerpo. Soledad.
Temblar. El horror de no reconocerse. La lástima. Miserable... Ni asomarse a la ventana ya, por la tentación. Cómo puede durar tanto? Por qué no se cura este dolor? Todo pasa... o no. "Polvo enamorado".
Ya vale. Termina de matarme. La agonía no sirve. Desquiciarse. Maltratarse por el asco, por la rabia.
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No quiero seguridad. No la de tus brazos. Tardé mucho en aprender la lección. ¿Ahora te atreves a desarmarme? No quiero que te acerques. Me engancho fácilmente a las caricias. Y me destruyen. Como el humo que me mata cada día. Las odio. No soporto contar contigo siempre y echarte de menos. No pienso tolerar que ocupes mi pensamiento. No quiero necesitar oír tu voz. Estaba bien como estaba.
Quizá en ocasiones es triste estar sola. Pero al menos me acostumbré a enfrentarme a la vida. Trabajé cada músculo del corazón, para hacerlo infranqueable. Y de pronto estoy cabreada. Y esto es por haberte dejado intuirlo un momento. Y es por el hecho de que leerás mi blog. Y es porque, te hará daño. Y ahora tengo que sentirme culpable por hacerte daño. Y no lo soporto.
Porque cuando sólo era yo el daño era en exclusiva para mí. Me acostumbré a recibirlo. Los errores me salieron bien caros... pero, ¿pagarlo tú? No. Te dije que no tenías que soportarme. Te dije, te dije...
Estoy cabreada.
Sabes qué? Haré un ser triste de ti. Un resentido como yo. Tú, tan moldeable... Haré lo que quiera contigo. Te destruiré. Y lo peor de todo es que te lo habré advertido tantas veces... Quemaré tu ilusión, y perderás la magia. Ya no creerás nada. Los días buenos no serán felices. Se encargarán de recordarte que no durarán. Y vivirás angustiado sabiendo que pasan, que no son verdad.
No mereces la vida que te espera a mi lado.
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Cuánto pesa el vacío...
cuando algo gris lo llena. Cuando te arrugas por dentro y no te desatas. La rabia, mientras ves caer la lluvia en el parabrisas... ese momento solo tuyo que deseas compartir, que no puedes. Sabes que nadie más en el mundo lo verá así, lo entenderá así. Te salta dentro... La impotencia de la soledad, que quema al mismo tiempo que se desea. Porque os aparto de mi lado, lentamente. Sin quererlo, o sí.